Con esto de las redes sociales, mucho me temo que algunas empresas corren el riesgo de querer entrar como un elefante en una cacharrería. Ya me imagino las peticiones de los de arriba: quiero estar en todas partes, a todas horas y salir bien guapo.
A ver, como te lo explico: es que esto no funciona así. No se trata de estar en todas partes, sino de estar en dónde debes estar, ni de estar a todas horas, sino de estar cuándo tienes que estar. De lo contrario, corres el riesgo de convertirte en spam.
(¿Spam, qué es spam? se pregunta el de arriba con cara de susto. Pues algo con muy mala fama entre los internautas, le contesto)
Por eso, antes de empezar a parlotear sin ton ni son, debemos escuchar para saber:
1º A quién le puede interesar lo qué decimos (o bien, ¿quién es nuestro público?
2ºDónde está nuestro público (o bien, ¿estamos en facebook, en twitter, en tuenti, en todos, en ninguno?)
3º Cómo le contamos lo que le podemos ofrecer (o bien, ¿qué lenguaje utilizamos?
Las reglas del juego han cambiado. Y no nos queda otra que aprendernos las normas. Lo explica así de bien Roberto Carreras.
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Toda la razón, Pilar. Y por el camino, los comunicadores nos dejaremos los deditos en teclear en quince sitios más que antes; porque lo malo de los nuevos medios es que exigen presencia real y cercana en cada uno de ellos, con lo que los costes de nuestro trabajo se multiplican. Como no suele ser bienvenida esa “multiplicación” para nuestros clientes, lo que sucede es que les resultamos menos rentables, o igual que antes pero a costa de dedicarles, por el mismo precio, mucho más tiempo. Porca miseria
Esa es otra. A veces es complicado explicar lo que hacemos. Es como cuando intenté explicarle lo que era un chat a mi abuela
Pero creo que el tiempo lo pondrá todo el su sitio. Un saludo.