
Caso Camps, caso Urdangarín, caso Garzón, etc… solo estos tres procesos judiciales han llenado en los últimos meses miles de páginas de periódicos, copado los informativos de radio y televisión y, por supuesto, inundado Internet. Y eso que el caso de Urdangarín aún está, aunque resulte difícil de creer, bajo secreto de sumario.
Después de ver, leer y escuchar el interés que todos los medios de comunicación prestan a las noticias judiciales, ¿hay alguien que todavía dude de que tan importante como una buena estrategia jurídica es tener una buena estrategia de comunicación?
Por si acaso, unas breves reflexiones:
- En los medios, sí o sí. Aunque uno no quiera, la otra parte (y en juicios, siempre hay otra parte) va a querer sacar jugo mediático. Así que es mejor estar preparados. Se deben estudiar los tiempos y los argumentos que podremos utilizar pero, una cosa está clara, el que sale primero, obliga al segundo a ir, como se dice coloquialmente, “a remolque”. Y en esto de la comunicación, el tiempo es oro.
- Prescriptores. La opinión pública creerá lo que dicen los medios por una razón obvia: ellos, teóricamente, sí están en el juicio o, al menos, tienen buenas fuentes. Los medios son prescriptores de opinión y, aunque su credibilidad haya bajado en los últimos años, lo que emiten y publican no solo es creído por la sociedad sino que es, además, amplificado por ella.
- Visto para sentencia. Antes y durante el juicio saldrán millones de noticias y la opinión pública hablará de ello en las tertulias. Una vez quede visto para sentencia, impulsivamente nuestro cerebro borrará el 95% de las noticias, pero habrá un 5% de los mensajes que se quedarán en nuestra memoria. Y es ahí donde está la clave. Además y teniendo en cuenta que probablemente hayamos tenido que esperar por la sentencia _en el mejor de los casos_ unos cuantos meses, aunque finalmente ésta sea favorable, si durante el juicio no se ha desarrollado una buena comunicación, la duda siempre quedará. Por el contrario, una sentencia negativa que sin embargo haya sido precedida de una buena comunicación, nos permitirá, no tanto cambiar la realidad, pero sí disfrazarla, es decir, minimizarla.
Así que, una vez más, les decimos: comuniquen!
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