La enorme variedad de productos o servicios que hay en el mercado hace imprescindible que las empresas destinen cada año a la publicidad una mayor partida económica conscientes de que, sino se dejan ver, prácticamente no existen. Internet es ya para muchos el eje central de sus acciones, pero las publicaciones impresas y la publicidad exterior todavía son necesarias para llegar a aquellos públicos a los que Internet aún les queda un poco lejos.
Se trata de grandes plataformas visuales de masas que exigen fuertes inversiones para que lleguen a ser efectivas. Y dado que las compañías realizan ese enorme esfuerzo económico para hacerse visibles, lo lógico sería que encargasen la estrategia y el diseño de sus campañas a expertos en imagen por eso de sacarle el mayor partido a sus acciones, ¿no?
Pues esto que parece obvio, resulta que no lo es tanto y que todavía quedan firmas dispuestas a pagar 6.000 euros por un anuncio en un periódico y encargarle el diseño al becario que acaba de entrar en administración y que “seguro que sabe de esas cosas” o a ese empleado que tanto coge el teléfono como hace de comercial.
Y el resultado son anuncios imposibles, por no decir horrorosos que parecen haber sido realizados con la “última tecnología” de insertar imagen del Word. Seguro que si os paráis a pensar unos minutos, os vienen a la cabeza unos cuantos, ¿verdad?
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Ja, ja, leche Pascual ahora está más o menos controlada, pero cuando empezó… parecía que el dueño lo hizo con su camcorder.
Si es que, como decía mi antiguo profesor, “De diseño y de medicina opina y sabe todo el mundo”…pero nadie se atreve a operar a un paciente y sí se atreven a tirar para adelante con un cutreanuncio: “que lo hace muy bien mi hijo con el Word”… ya no hay que usar Letraset y las letras no salen torcidas. Y lo peor es que no se dan ni cuenta del error.
Lo mismo ocurre con el retoque fotográfico: ya cualquiera usa Photoshop y todo vale, aunque la modelo parezca que se echó cemento en la cara, tiene un ojo torcido y cuatro kilos de colorete… la sutilidad y precisión de los profesionales no está tan apreciada como debería. Hoy en día, el caso es tirar para adelante. Después vienen las lamentaciones por el fracaso de una campaña y seguro que no lleva las culpas el que debe, porque ni se entera de su error.
Así es Marta, parece que todo el mundo vale para desarrollar ciertos trabajos. Cuando, en realidad, no se dan cuenta de lo caro que puede salirle a una empresa una imagen equivocada. Y es que ya no es que no rentabilicen el dinero invertido en la inserción, sino que, una mala imagen, puede causar rechazo entre potencialies clientes.
Y ejemplos en España hay muchos, pero por respeto, hemos optado por no señalar. Aunque ganas … puedes estar segura que no me faltan!!! Tú has citado a Pascual pero lo cierto es que algunas marcas de leche son un filón!
Sí, pero me refiero a la leche Pascual cuando empezó. Acertadamente, en la actualidad, siguen con el mismo tipo de anuncios de imagen de empresa fuerte que le dió la fama (bueno, creo que ahora mismo en concreto no están poniendo anuncios de ningún tipo) pero hechos por profesionales, sin perder la esencia inicial.
Hay casos de anuncios que funcionan a la hora de vender, a pesar de los cutres que sean, como, por ejemplo, el de el limpiador Disiclín. “¿Con qué limpias ya tus suelos? Con el nuevo Disiclín” decía la cancioncilla, y todo el mundo se quedó con la copla. A pesar de que el aspecto del anuncio era “cutre salchichero”, la campaña funcionó claramente y dio a conocer el producto rápidamente… y eso al vendedor puede parecerle lo esencial… pero deja a su compañía con una imagen de algo de poca calidad que luego ni el propio Disiclín es capaz de darle brillo. Y eso tampoco interesa.
Es cierto Marta. Para mí, el éxito de una campaña publicitaria es cuando, en el caso de un producto, se logra incrementar ventas, al mismo tiempo que se dota a la marca de una imagen sólida y reputada.
Marta, creo que en el caso de Disiclín la idea de la compañía era mostrar un producto barato, no cutre. La modelo era calcada a Isabel Pantoja, (de hecho creo que aparecía cantando en el anuncio) con lo que a mi modo de ver, definían claramente el target de la campaña: vender un producto barato para amas de casa de clase media tirando a baja.